Bajan los precios, sube la tensión industrial. Expertos advierten sobre el costo real de las importaciones masivas y trazan paralelismos con crisis del pasado. La receta de aranceles bajos y un peso fuerte abarata el consumo, pero enciende alarmas en el entramado productivo. Un análisis de Juan Latrichano cuestiona la teoría del «derrame» y plantea que el modelo se sostiene con deuda y gasto social. Estrategias para navegar la tormenta.
La política económica que apuesta por importaciones baratas para domar la inflación muestra su otra cara: un creciente estrés en la industria nacional. Mientras las góndolas exhiben precios más accesibles, las cámaras sectoriales reportan cierres de empresas y ajustes de plantilla. Este dilema es el eje del análisis «La contrarevolución improductiva» del investigador Juan Latrichano, quien vincula la estrategia actual con experiencias históricas que «condujeron al país hacia crisis terminales».
Latrichano desarma el argumento central del modelo: la idea de que el ahorro en una compra importada se reinvierte en el mercado local. «Ese análisis no tiene en cuenta que la demanda nacional pierde 60 pesos», sostiene, describiendo un drenaje neto. Para Carlos Giménez, metalúrgico de Pacheco, la teoría es abstracta: «Hoy competimos contra cotizaciones de China imposibles de igualar. Se resiente toda la cadena», afirma a AICOM.
¿Por qué entonces el malestar no escala? El investigador señala dos amortiguadores clave: el abaratamiento inmediato de bienes para asalariados y jubilados, y la red de subsidios sociales, inexistente en 2001 pero hoy expandida. Sin embargo, la contracara es un fantasma conocido: el déficit comercial. «El endeudamiento del país es la cara negativa», advierte Latrichano, aludiendo a que el modelo se financiaría con deuda.
Ante este escenario, las PYMES no pueden esperar. Los expertos recomiendan un giro estratégico urgente: abandonar la batalla por el precio —ya perdida— y refugiarse en la calidad, el servicio y la customización. Paralelamente, es vital una reingeniería agresiva de costos, la búsqueda de nichos de mercado especializados y la asociatividad para ganar escala.
El futuro del modelo es incierto, pero la respuesta de la empresa no puede serlo. La historia indica que los ciclos de apertura abrupta tienen caducidad. La PYME que sobreviva será la que, en lugar de esperar un cambio de rumbo, use este tiempo para volverse única, eficiente e irremplazable en su sector.
